
A todos los navegantes de la rosa de los vientos:
El lugar donde se pliega toda comunidad, ya sea bajo el cobijo de la filosofía teórica o el de la filosofía práctica, e incluso de la religión o la política, es la «philía». El amor, la amistad ha atravesado todo el pensar, y por supuesto es el que permite que se pueda producir el dialogo en un marco ideal como propugna Habermas.
Desde esta posición, dado los tiempos que corren (digo esto pensando también en Walter Benjamin), quiero recuperar del olvido unas palabras de paz del sufí murciano-andalusí Ibn Arabí, y dedicarle un cariñoso recuerdo.
«Mi corazón acepta todas las creencias.
Prado es para las gacelas y convento para el monje,
templo para ídolos, Ka’ba para peregrinos,
tablas de Torá y libro de Corán.
Profeso la religión del amor doquiera
cabalguen sus monturas, pues el amor
es mi sola religión y mi fé.»
Ilustración: El flautista de Santa Clara. Pintura musulmuna del siglo XII perteneciente al palacio hudí andalusí.

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