Para Deleuze “la tarea de la vida consiste en hacer coexistir todas las repeticiones en un espacio donde se distribuye la diferencia”. Y nos dice también en “Repetición y diferencia”:«La diferencia no implica lo negativo, y no admite ser llevada hasta la contradicción más que en la medida en que se continué subordinándola a lo idéntico. El primado de la identidad, cualquiera que sea la forma en que esta sea concebida, define el mundo de la representación. Pero el pensamiento moderno nace del fracaso de la representación, de la pérdida de las identidades y del descubrimiento de todas las fuerzas que actúan bajo la representación de lo idéntico.
[…] ¿Cómo hacer para escribir si no es sobre lo que no se sabe, o lo que se sabe mal? Es acerca de esto que imaginamos tener algo que decir. Solo escribimos en el límite de nuestro saber, en ese punto extremo que separa nuestro saber y nuestra ignorancia, y que hace pasar el uno dentro de la otra. Sólo así nos decidimos a escribir.
Nos parece que la historia de la filosofía debe desempeñar un papel bastante análogo al de un collage en una pintura. […] De este modo, tienen una existencia doble, la pura repetición del texto antiguo y del texto actual el uno dentro del otro.»
Para que pueda darse el orden que enlaza la diversidad plural se debe encontrar el desvarió de la modernidad, requiere tratar de entender como se puede haber dado la generalización que considera la diferencia como lo malo y que necesita del no-ser como principio constituyente.
1.
“La hija perdida” es una película donde se relata el reencuentro de una mujer educada en las costumbres norteamericanas con su pueblo navajo. El padre navajo dice al marido, mientras observa el paisaje, “un lugar es lo que te permite siempre recordar quien eres”. Esto nos remite a Parménides cuando sentencia “gar to auto esti einai kai noein” que lo mismo es ser y pensar. Por esto, en el límite somos lo que pensamos y todo pensamiento es una experiencia del lenguaje; como nos recuerda Gadamer: “el ser que puede ser comprendido es lenguaje”. En este contexto, siguiendo al lenguaje como lugar donde se da el pensamiento, y recordando el camino de vuelta en la anamnesis del lenguaje, nos adentraremos en la experiencia griega.
Para ir al encuentro del pensamiento griego, nos acercaremos a Diogenes Laercio (s III d.C.) -compiló noticias doxográficas y bibliográficas de la vida de los filósofos, en base a fuentes helenísticas- que nos recuerda: “Jerónimo afirma que Tales midió las pirámides por su sombra, tras haber observado el momento en que nuestra sombra es igual a nuestra altura”. De este pasaje sin relevancia filosófica, sin embargo, se puede deconstruir el término número de acuerdo con el sentido griego, y por tanto ya perteneciente a la forma de pensar en la época de Tales.
¿Qué hace Tales cuando mide las pirámides? Tales ha encontrado repeticiones de “lo mismo” en el momento que coincide la altura del hombre (que es determinada) con la longitud de su sombra (indeterminada). Esto que observa Tales, se da en syn-cronía (el termino griego nos dice “a la vez” del “tiempo”; es decir, al mismo tiempo) y también es una síntesis, en griego tiene el sentido de tesis “a la vez”, es decir afirmación de una posición a la vez de lo determinado (peperasmenon) y lo indeterminado (apeiron). También encuentra semejanzas en las repeticiones, puesto que se puede sustituir un hombre por una pirámide, cuando la altura del hombre coincide con su sombra, en este momento también la altura de la pirámide coincidirá con su sombra. De esta forma consigue conocer la determinación de la altura de la pirámide.
¿Cual es el enlace el “logos” que permite la síntesis? Es la sincronía, por tanto, este momento simultáneo es el límite (peras) que enlaza lo determinado y lo indeterminado. Y como resultado de esta síntesis disyuntiva se desvela una regularidad, un ritmo, una medida, es decir, la altura de la pirámide. Esta regularidad en griego se denomina “rithmo” –Deleuze lo llama repetición- y al añadir el prefijo de una “alfa-privativa”, de igual forma que “aletheia” desvelamiento (verdad) tiene el sentido de desocultamiento de lo velado (lethe), arithmos (número) tiene el sentido griego de determinar una regularidad.
Sin embargo, Tales no dice que el “arché” (como explica Teresa Oñate: el principio legislativo, aquello que permite que haya un estudio epistemológico, un estudio racional científico de los fenómenos, es decir, aquello que se abre al espacio de la filosofía y de la racionalidad filosófica de occidente) sea el número, sino dice que es el agua. También dice que “el kosmos (orden) es lo más hermoso” y que “todo está lleno de lo divino”.
La ciencia moderna recuerda a Tales por el teorema que determina la semejanza de triángulos, aunque al alejarse de la filosofía ha olvidado que Tales en realidad lo que hacía era buscar repeticiones de lo mismo, poner en conexión sincrónica lo determinado y lo indeterminado. Esto mismo hacia al predecir un eclipse, es decir, conocido en el ritmo de las estrellas la coincidencia de la posición de la luna y el sol predecía la coincidencia del día y de la noche. Heráclito explicitará la síntesis sincrónica disyuntiva de opuestos diciendo que “Todo lo gobierna el rayo”.
En esto que hace Tales, puede haber una relación más difícil de ver al ponerlo en conexión con la luz. En un foro entre amigos hemos discutido sobre qué era la luz, apareciendo desde determinaciones físicas como las de corpúsculo y onda hasta determinaciones artísticas, en el sentido de la luz del Guernica de Picasso. Desde el punto de vista filosófico encontramos, siguiendo a Parménides, que la luz era el camino de la verdad y que de ahí se podían deducir explicaciones tanto para el arte como para la física y eran estas: “la luz nos quiere mostrar la verdad y para eso busca la oscuridad” (la verdad en sentido griego convive con el ocultamiento), también dice Heráclito “la physis ama ocultarse”; “la luz solo nos permite desvelar la verdad a través de la subjetualidad capaz de interpretar el lenguaje” (la racionalidad capaz de desvelar el ocultamiento es la hermenéutica). La luz muestra a Tales la verdad en la oscuridad de la sombra y esta verdad solo puede ser revelada mediante la síntesis sincrónica disyuntiva que le permite interpretar la physis.
En un sentido modal, también se da otro tipo de enlace. Se da el enlace entre lo necesario, en este caso la pirámide o el hombre, y lo contingente (lo que muere) que es la sombra. Este es el sentido de la sentencia de Anaximandro, que inestimablemente Simplicio nos recuerda, y funda la filosofía griega como pensamiento trágico: «De donde les llega el nacimiento a los seres (presentes), hacia lo mismo les llega también la destrucción, según la necesidad; pues se dan unos a otros justicia y pago por su injusticia, según el orden del tiempo». En esta sentencia se explicita ya la síntesis de lo determinado y lo indeterminado, el término “hacia lo mismo” referencia al límite de la síntesis. La sentencia de Anaximandro determina que esta síntesis se produce para que se pueda dar la justicia de lo posible, que no es otra cosa que pueda darse lo posible. El “kosmos” (orden) para Tales era lo más hermoso, y para Anaximandro este orden lo rige el tiempo. Anaximandro tampoco dice el arché sea el “arithmos”, sino que dice que lo mismo de lo otro es lo “apeirón”.
2.
Aristóteles dice en el libro A de los Metafísicos: «En tiempo de estos filósofos (Leucipo y Demócrito) y, antes que ellos, los llamados pitagóricos se dedicaron a la matemáticas y fueron los primeros en hacerlas progresar; absortos en su estudio creyeron que los principios, en los números creían también ver muchas semejanzas con los seres existentes y con los que están en formación […]». Y por seguir con la crónica rosa que hace Diógenes Laercio al narrar las efemérides de los filósofos, recuerda que Apolodoro el calculista dice que Pitágoras sacrificó cien bueyes, cuando descubrió que el cuadrado de la hipotenusa de un triangulo rectángulo es igual a los cuadrados de los lados que contienen al ángulo recto.
¿Qué se hace ahora desde el pensamiento pitagórico? En primer lugar, se abandona el estudio de la repetición, ya no se preocupan por lo mismo de lo otro (que es donde se da el movimiento), sino por la generalización de la semejanza, y consideran que lo simple es el número, que en realidad es una síntesis. Además, se produce una transformación del orden de la generalización, al pasar de la semejanza de orden cualitativo, como en el caso de Tales, a las equivalencias de orden cuantitativo, como en el fragmento del “Teorema de Pitágoras”, como la ciencia moderna lo recuerda. En segundo lugar, la asunción del “uno” numérico como el “ser”, para que se de el movimiento dentro de los conceptos, llevó a Platón a aceptar el no-ser dentro de los primeros principios.
Bibliografía
“Repetición y diferencia” de Gilles Deleuze.
“El nacimiento de la filosofía en Grecia” (texto y seminario) de Teresa Oñate.
“Los filósofos presocráticos” de Kirk y Raven
“Historia de la filosofía griega” de Guthrie

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