viernes, 9 de noviembre de 2007

Sobre la ética (I)


Dedicado a “esos dos pájaros” (Serrat y Sabina), puesto que fui incapaz de empezar a redactar el primer tema académico de ética hasta que no los escuché en Torrevieja. Tambien a Santi, por su proximidad innata a la razón ética.

1.
Al no encontrar otro registro más adecuado, para abrir la puerta de la ética, espero que Antonio Machado pueda iluminar este importante encuentro con la acción de sus versos: «Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino, camino sobre la mar […] Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar».

Estas huellas del camino surgen de una convicción humana de que no todo vale por igual, de que hay razones para preferir un tipo de actuación a otros, y esto que pertenece a la acción humana, lo podemos llamar ética. Aristóteles distinguió dos clases de actividad humana: la praxis (intransitiva) como puro ejercicio del sujeto, y la poiesis (transitiva) en el sentido de la producción del demiurgo. Artes o técnicas (techne) responden a la poiesis, mientras que las virtudes (areté) son esencialmente prácticas (de la práxis) y determinan la justicia. A la dimensión de la ética que tiene el sentido de justificación como justicia la denomina Aranguren «ética como contenido».

El camino que no hay para el hombre, de acuerdo a Machado, nos lo confirma también Aranguren siguiendo el sentido antropológico que la moral tiene para Zubiri. Al hombre no le es dado por naturaleza el ajustamento a la realidad y se ve obligado a elegir, a diferencia de los otros animales que si disponen de un camino dado, es decir, los estímulos que reciben les llevan a responder adecuadamente -- en base a sus propias capacidades biológicas -- dentro su habitat. Es de esta forma, por lo que el hombre necesita hacer su camino al pasar por el mar de la vida. Siguiendo la etimología, nos recuerda también Aranguren que «êthos» es carácter, en el sentido de quedar impreso en el alma por hábito, y es fuente a su vez de los actos; por esto, los actos pasan para el hombre, pero el trazado del camino queda grabado en su carácter. Para Aristóteles el alma se hace lo que actúa porque se convierte en aquello que hace y la obra le devuelve la dignidad de su modo de ser, el alma misma.

La ética como estructura tiene que ver con el carácter o modo de ser y tiene este sentido cuando hablamos de “moral elevada” o estar desmoralizado”. En esta dimensión ética las expresiones inmoralidad o moralidad carecen de sentido, el hombre es constitutivamente moral. Por otra parte, la ética como contenido ya no consiste que el acto se ajuste a la realidad, sino a la norma ética, lo justo corresponde a lo honesto. En este sentido los actos de los hombres pueden ser justos e injustos, morales e inmorales, incluso tal vez amorales. La moral como contenido requiere necesariamente de la moral como estructura y no puede darse sin ella. Son pues, dos demandas distintas las que constituyen la moral: que hagamos por nosotros mismos nuestra vida y nuestra personalidad; y que la hagamos conforme a una “idea de hombre” o una determinada “escala de valores”.

2.
Emilio Lledó ha dicho que nunca se dará una verdadera cultura científica "si la Universidad no es base, cuna y centro de cultura ética y moral, de formación de hombres". Este pensamiento que comparto con Lledó, asume que ya se da por aceptado que pueda entenderse por ética y por moral. Sin embargo estos términos - que es habitual incluso escucharlos juntos-, pueden llegar a significar lo mismo o no dependiendo del contexto. Pero, Lledó no utiliza ambos términos como sinónimos, se refiere a la vida moral y a la reflexión ética.

Para Aranguren una filosofía plenamente filológica tiene que cuidar no sólo de la palabra lejana, sino también de la cercana. La palabra «mos» latina expresa tanto el término griego «êthos» (carácter, modo de ser), como el término «éthos» (hábito). Mos significa también costumbre y puede significar ocasionalmente sentimientos. A partir de la filosofía escolastica, «mos» términa por perder su sentido plenior (carácter) para significar hábito. En la actualidad “lo ético” se ha identificado cada vez más con lo moral, y la ética ha llegado a significar propiamente la ciencia que se ocupa de los objetos morales, es decir la filosofía moral.
La piedra angular de la teoría ética de Richard Brandt - basada en el análisis del lenguaje- la forman los enunciados éticos concretos de una comunidad (o los enunciados morales, porque emplea los términos moral y ético como sinónimos) con la pretensión de encontrar las propiedades comunes que los puedan enlazar. Denomina enunciados éticos a las frases que incluyan términos como: es deseable que, es moralmente obligatorio, es el deber moral, y otros del mismo tipo.

La tarea moral para Adela Cortina es despertar ciertas actitudes porque se consideran más humanas o cívicas que otras; esta tarea se basa en una determinada concepción de hombre, ya sea religiosa o secular. Defiende una moral democrática en base a unos mínimos morales que una sociedad democrática debe transmitir - como principios, valores, actitudes y hábitos - y a los que no puede renunciar sin renunciar a la vez a la propia humanidad. Por otro lado, considera que la ética es filosofía moral, implica un cambio de nivel reflexivo: pasar de una reflexión que dirige la acción de modo inmediato (moral) a una reflexión filosófica (ética), que solo de forma mediática puede orientar (y debe hacerlo) el obrar.

Dice Adela que la tarea más urgente, encomendada actualmente al pensamiento humano debe ser la de fundamentar racionalmente la moralidad, estableciendo la base de una moral universal. En este sentido es apreciable la diferencia con Brant, para quien la ética (normativa) no se basada en leyes de validez universal como piensa Adela Cortina, sino en un conjunto de leyes generales aceptadas por una comunidad determinada, que fundamentan los enunciados éticos y a los que se llega desde los enunciados éticos concretos. Es decir, en un conjunto completo y simplificado de principios éticos generales y en algunos principios menos generales pero que «proporcionan el fundamento ético» de las principales instituciones humanas. Ambos, representan a las alternativas universalista (Adela) y comunitarista (Brant) de la ética. Una tercera vía es el cosmopolitismo de Javier Muguerza.

El cosmopolitismo se constituye como una alternativa tanto frente al exceso del universalismo abstracto, como frente la insuficiente concreción del comunitarismo usual, de igual forma que el hombre valiente se posiciona frente al temerario y al cobarde. Aunque, la disyuntiva entre comunitarismo y el universalismo es falsa, puesto que es precisamente el individualismo el vertebrador del comunitarismo. Muguerza utiliza la metáfora de la nave estelar Tierra para indicar la unidad en un destino común a diversidad de la naturaleza y diversidad de las culturas y por supuesto en el ser humano como individuo, puesto que él es el principal sujeto de la ética y en su «derecho a la disidencia» ubica en el corazón de la fundamentación de los derechos humanos. Entre lo transportado en la aeronave destacan los conflictos y de entre ellos sobresalen los “conflictos morales” que presiden la vida de una comunidad y de las que depende, entre otras cosas, la visión que se tenga en ella de los derechos humanos, así como el conflicto relativo a la vigencia o la conculcación de esos derechos (ya sea a título intracomunitario como intercomunitario).

Distinguiendo en relación con los efectos del obrar entre microámbito (familia, pareja, vecindad), mesoámbito (política nacional) y macroámbito (destino de la humanidad), dice Adela preocupada como Lledó por la cultura científica, que los peligros de la civilización técnico-científica se localizan en el macrámbito porque amenazan a toda la humanidad en su existencia, y con ello se hace urgente la tarea de asumir la responsabilidad solidaria por los efectos de las acciones en medida planetaria.

3.
Para Brant, la «teoría ética» es un conjunto de teorías que trata de contestar ciertas cuestiones acerca de los enunciados éticos. Por el tipo de cuestiones ha llegado a ser habitual distinguir dos ramas de la teoría ética: la teoría ética normativa y la ética crítica o metaética. La ética normativa es una investigación dirigida a establecer y defender como válido un conjunto completo y simplificado de principios éticos generales y también algunos principios menos generales que son importantes para proporcionar fundamento ético a las principales instituciones humanas. Por otro lado, la metaética o ética crítica permite formular con precisión el método correcto para justificar los enunciados y opiniones de la ética normativa, y mostrar que este método es el correcto. Trata de resolver los problemas de la justificación y del análisis del significado de los términos éticos (es deseable, es moralmente obligatorio, es el deber moral, es reprensible, es moralmente admirable, etc.) constituyentes de los enunciados éticos. Y también estudia la validez de los razonamientos que justifican los principios éticos. Asume que existen dos importantes pruebas que los enunciados éticos deben superar para ser justificables: consistencia y generalidad.

Ferrater Mora considera especialmente metaéticas las orientaciones contemporáneas en la teoría ética que se han ocupado de cuestiones tales como si los enunciados morales expresan ciertos hechos y si, por tanto, son cognoscitivos (en el sentido que se pueda decir que son verdadero o falsos), o bien si no expresan hechos y sin son entonces no cognoscitivos. La metaética corresponde al nombre de estudio de enunciados morales. A veces se distingue entre metaética y ética (como hace Brant), considerándose la última como el estudio del contenido de los enunciados morales. Sin embargo, como no siempre se puede distinguir entre “enunciado moral” y ”contenido de enunciado moral”, por tanto no siempre se puede distinguir entre ética y metaética, se puede establecer una cierta línea de separación en torno al carácter, respectivamente normativo de la ética y no normativo de la metaética.
Las investigaciones metaéticas se caracterizan, aunque no exclusivamente, por ocuparse del lenguaje, o de los lenguajes, o de los tipos o formas o juegos de lenguaje, mediante los cuales se producen preferencias que se llaman éticas o morales. Son considerados como incumbencia de la metaética usualmente: el estudio de mandatos, recomendaciones; el análisis de “bueno”, “justo”; el examen de la diferencia entre “es” y “debe”; la averiguación del tipo de argumentación usado en moral o ética y los efectos producidos o producibles mediante estos argumentos.

Considera Adela que la ética analítica del lenguaje, como estudio lógico del lenguaje de la moral, permite esclarecer el significado de los términos morales (bueno, recto, justo, …), así como facilita la distinción de la tarea de la acción moral y de la filosofía moral. Sin embargo, no tiene por qué monopolizar el término «metaética», y además no ha cumplido sus objetivos (mantener la neutralidad de la metaética, aplicar consecuentemente el análisis del lenguaje y caracterizar lo específicamente moral); aunque, su insuficiencia radical es el que no pueda justificar la verdad de los juicios morales, mientras no trascienda el ámbito semántico.
Así - siguiendo a Adela Cortina-, la realidad de lo moral en el mundo humano no se satisface investigando el significado del término bueno o desentrañando las peculiaridades de la argumentación moral. Por eso muchos filósofos morales han renunciado a considerar el “análisis del lenguaje” como el objeto de la ética y lo utilizan como instrumento y se introducen en la ética normativa que, aunque no prescribe directamente lo que debemos hacer, lo hace indirectamente. Al pretender que la ética justifique que hablemos de bien y mal moral e intente determinar quienes se encuentran legitimados para decir qué es lo moralmente bueno o malo, está sentando las bases para indicar que se debe hacer. Corresponde a una ética normativa frente a la ética descriptiva anterior.

Bibliografía
Ética. Aranguren
Ética mínima. Adela Cortina
Teoría ética. Richard Brandt
Invitación a la ética. Savater
Diccionario de filosofía. Ferrater Mora
Cosmopolitismo y derechos humanos. Javier Muguerza

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