-Durante la siesta Pencho ha estado
recopilando la información que ha conseguido sobre el origen de los términos relacionados con
el arte y se dispone a presentársela a sus amigos. Sin embargo, no sabe si se
les resultará un poco pesado, al menos, espera que sean un poco condescendientes
con él hasta llegar a la segunda parte del apartado VII, donde relaciona los
antiguos términos griegos con la comprensión contemporánea del arte. Tampoco
tiene muy claro que presten mucha atención cuando en el apartado VIII de un
salto en vacio y defina el arte mediante una función matemática, aunque espera
que se despierten para las justificaciones finales en las que responde a las
preguntas que el mismo planteó en el capitulo anterior. Piensa acabar con una
pregunta nacida de una reflexión de Nietzsche. También tiene previsto entregar una
copia de algunos fragmentos de los libros que ha consultado.
Pencho: Queridos y
admirados amigos, me gustaría dedicaros mi viaje en busca del arte a través del
lenguaje y la cultura griega. Trataré de relatar lo que me han contado los sabios
transeúntes que he encontrado en el camino, además al acabar os entregaré una
copia del manuscrito con sus propias explicaciones, para quien quiera tener más
referencias sobre el viaje.
I. Preparación del viaje
Para
mojar nuestra piel con las aguas del lenguaje escrutaremos los principios que
bañaron nuestra cultura; eludiremos la imposibilidad, según Heráclito, de
sumergirnos dos veces en el mismo río al despojarnos de la rigidez de nuestros
conceptos y navegaremos por el movimiento fluido que denominamos “arte”. Nos
zambulliremos para ir en la búsqueda de las relaciones de semejanza, que de
forma adimensional, nos transporten a un punto de remanso desde donde
interpretar los afluentes léxicos próximos al río que nace en el mundo helénico.
Cada uno de los afluentes será como un tensor que nos permitirá viajar en un
tiempo sincrónico y proyectar sobre los ejes de cada época las líneas de
corriente que se mueven en el rio del “arte”.
II. La espera y la partida
Durante
la espera de buenos vientos que nos impulsen a navegar en sincronía, podremos descansar en la catedral de Siracusa
– lugar espiritual y de culto con continuidad desde el siglo V a. C. Su
construcción nos revelará la estela del arte desde la Trinacria griega hasta
nuestros días. La composición de su arquitectura nos mostrará un origen como templo
habitado por Atenea, su posterior conversión
en basílica cristiana para recibir a los fieles bizantinos, sus rasgos árabes
mientras fue mezquita musulmana, su vuelta a la cristiandad como iglesia
normanda y su refundación como catedral barroca.
Con el
permiso del oráculo zarparemos. Para elevar el ancla de nuestro texto, eliminaremos
el gradiente que envuelve los sucesos del lenguaje e iniciaremos el viaje; nos
acercaremos a los viejos barrios griegos
de callejuelas y bazares de palabras con los más variados significados y con la
profundidad de los primeros sentimientos; nos internaremos en los manantiales
de olores y sonidos que nos recuerden el sabor del arte.
Después
de perdernos en el bullicio de los textos, un caminante nos entregará un trozo
de papiro con una inscripción: « La obra del poeta ”poietés”, con su arte “techné”,
busca en la “mousiké” la “harmonía” del “lógos” ». Con el papiro entre las manos preguntaremos a
cada transeúnte, cuando su mirada nos lo permita, hasta entender las palabras acuñadas
por la cultura griega (1) “paideia” y descifrar el “enigma”.
III. Primer encuentro o del episodio
de la “techné” versus “physis”.
El
afluente griego “techné” (2) atraviesa Roma con el nombre de “ars” (3) antes de
desembocar en el río que llamamos “arte” a su paso por la vecindad de nuestro
idioma contemporáneo. Sus aguas tienen un sentido de conocimiento, de técnica y
de habilidad; también deben de vencer el azar y la fortuna “týche“ para crear
una obra por medios humanos”, en oposición a la naturaleza “physis” que brota
espontáneamente (4) (5) por medio de la “týche“ . En otros glaciares de las mismas montañas se
origina el término “epistéme” (6), y por largo trayecto su significado se
mantiene próximo a “techné”; en nuestros días vierte sus aguas en el río de la filosofía
y la ciencia, con el sentido de conocimiento científico.
IV. Segundo encuentro o del episodio
de la “harmonía”
El término
de “harmonía” (7) nace en el regazo de la “mathemática” pitagórica (8) como
orden “kosmos” (9), medida “metron” (10)
y proporción “symetron” del todo, para permitir desde la cultura griega
escuchar la sinfonía musical del universo. Toma la forma intuitiva de número “arithmós”
y produce la cadencia del “rythmós” (11); se funde con la arquitectura y la
escultura, así como con el pensamiento ético “éthos” ; sus aguas subterráneas
se filtran en todo el pensamiento griego. Lo bello “kalós” (12) y lo bueno “agathós”
se mueven junto a la ética helena del héroe y la virtud “areté”.
V. Tercer encuentro o del episodio de
la “mousiké”
El rió
del arte, en sentido griego, es creación “poíesis” (13) inspirada por la lluvia
de la musas “mousiké” (14) en la danza “khorós” (15) del ciclo de la vida; el
poeta “poiétes” «cosedor de cantos» “ion”
(16) es el invocador de las musas y mediador entre lo divino y lo humano. Si
mojamos nuestro cuerpo con la frescura de la lluvia sentiremos la presencia
cercana de las musas: Clío (la que ofrece gloria), Euterpe (del buen placer), Terpsícore
(del deleite de la danza), Polimnia (de los muchos himnos), Caliope (la de
bella voz), Érato (la amable), Melpóneme (la melodiosa) y Talía (la festiva).
Como
danzantes “khoretés" aparecerán junto a los mortales y los dioses las
divinidades (17) de la belleza y la armonía (horas, cárites y musas) así como
otras ninfas, nereidas, moiras, erinias, sátiros, harpías, sirenas y otros
seres de los dichos griegos.
VI. Cuarto encuentro o del episodio
del “mýthos" y “lógos”
Con los
latidos del amanecer, el lenguaje surge de la neblina nocturna del mito “mýthos"(18),
junto al río de la vida, en su unión con el mar de la cultura. La silueta de
una grieta “kaos” en la bruma produce un desocultamiento “alétheia” y la
palabra “lógos” (19) da nombre a lo que ha quedado separado: a la tierra y al
cielo, al mar y al río.
VII. La danza del arte
Los
puntos desde los que se puede escudriñar el universo helénico, con nuestro
telescopio lingüístico, son indeterminados porque “cronos” devora cada instante
para pasar al siguiente; sin embargo, para esquivar su destino nos remontaremos
al principio (20), en el tiempo sincrónico y permanente del “aidion” (21),
donde las palabras encontradas de la “paideía” griega han quedado remanentes en
el tiempo como la luz de fondo en el big-bang del universo; desde el “aion”
finito de nuestra vida, en oposición a “cronos” seguiremos la estela del placer
para reconstruir el lenguaje artístico griego como el todo, la danza, de las
partes de nuestro pergamino: “techné”, “mousiké”, “harmonía” y “lógos”.
Cuando
en nuestros días utilizamos el término arte, éste toma el atuendo medieval de “bellas artes” y aunque nos seguimos refiriendo a una “techné”o
técnica, en el aspecto más procedimental de la actividad artística, sin embargo,
en el aspecto más creativo no se opone al azar y la fortuna “týche“, sino que se
alía con ella como hace la naturaleza “physis”. Para lograr ese comportamiento,
más propio de la naturaleza que de la técnica, el artista recibe la inspiración
de las musas “mousiké”para acceder a una razón común “lógos” que mira en
dirección a la eternidad. El lenguaje utilizado por el arte sigue manteniendo
los recuerdos estéticos de armonía, medida, proporción y ritmo, aunque el término
bello aparece en discusión con lo sublime.
VIII. Holografía matemática y
justificaciones
La
función artística fa que determina
una obra de arte y como una expresión
del lenguaje artístico x quedaría
defina por:
fa: La ® Oa
x ® y=f(x)
Donde La es el conjunto de elementos (materiales
e inmateriales) que denominaremos lenguaje artístico -que es propio de un autor-
del que se tomarán los valores para x,
de tal forma que al ser reemplazados en
la fórmula y=f(x) sea posible
determinar la obra de arte y, perteneciente
al conjunto de las obras de arte, que denominaremos Oa, y que representan las expresiones
bien formadas de elementos del lenguaje artístico de acuerdo a las premisas del
autor.
Para
obtener la obra de arte (variable dependiente) y se disponen de las variables de decisión t, l, e, i, las cuales
forman parte de la variable independiente x de la función. Diremos así que x es
una variable vectorial de cuatro componentes x = (t, l, e,i). Si estas cuatro componentes las contextualizamos
para el conjunto de elementos empleados por un autor T, el conjunto de
los símbolos básicos de su lenguaje L, el conjunto de parámetros estéticos E
que dan armonía a la obra – en el
sentido matemático de proporción, ritmo o mesura – y el conjunto de
significantes inspiradores I que favorece el proceso artístico, tenemos que:
tÎT,
lÎL, eÎE, iÎI, de foma que xÎLa=TÇLÇEÇI
Puesto
que y=f(x)=f(t, l, e,i), ésta debe de ser una expresión bien formada de
elementos del lenguaje artístico, de forma que yÎ Oa.
De esta
definición podemos sacar las siguientes justificaciones:
- Existe un lenguaje artístico verdadero para cada autor. El
lenguaje artístico es un conjunto de elementos propios de un artista,
relacionado con las técnicas que emplea, sus elementos simbólicos, los
parámetros estéticos que utiliza i la inspiración que dirige su obra
- Sí existen dimensiones que permiten determinar qué es
una obra de arte, como se comprueba con la definición dada, aunque sólo sea
un ejemplo, y a pesar de que una obra de arte no puede quedar cerrada a una
única definición.
- La técnica material de una obra artística forma parte
del lenguaje artístico de forma indisoluble, aunque se base en el propio
instrumento vocal humano o la expresión corporal de éste.
IX. Antitesis o la nueva abertura “kaos”
La
afirmación de Nietzsche “no hay hechos sino interpretaciones” nos cambia el
escenario y nos obliga a una nueva reflexión:
¿Existe la obra de arte o
solo su interpretación?
X. Manuscrito de los transeúntes
(1) Articulo: Arte. Xavier Rubert de
Ventós
…cuando Platón quería hablar de lo que hoy llamamos obras de
arte, insistía precisamente en que no son producto del "arte" -de una
técnica aprendida-, sino de la inspiración, del entusiasmo o furor divino (Ión). Y en el mismo Diálogo Platón
recuerda aún el otro origen del arte: el mito, el culto, la ceremonia ritual...
El sentido etimológico del término es pues en Grecia mucho más amplio y más
difuso que el actual, y engloba elementos que hoy tenderíamos a distinguir como
artísticos, científicos, técnicos y religiosos.
Tampoco la clasificación y la distinción entre las artes fue
"clara y distinta" en Grecia, donde la “mousiké” era a la vez poesía, teatro y música, y donde la
escultura, la pintura y el arte de la construcción estaban aún integrados. La
estricta distinción entre las artes no se inició hasta el período helenístico y
no culminó hasta la época moderna con la transformación del arte de la
iluminación, de la vidriera o del retablo en "pintura", de la polifonía
en sinfonía o del gregoriano en música de cámara. La elaboración teórica y la
consagración de esta diferencia entre arte y práctica ritual o secular son aún
más tardías: no es hasta el siglo XVIII cuando los filósofos empiezan a hablar
del arte en el sentido en que hoy lo entendemos. La Académie d'Esculpture et de
Peinture, fundada por Colbert, sólo fue denominada des Beaux Arts desde su
reorganización en 1795.
Y bien: parece evidente que si los
antiguos no tenían un término o una institución específica para designar la
actividad "artística", es porque no la apreciaban como algo
independiente. A partir de ahí la discusión queda abierta entre quienes creen,
como Colingwood, que esa indistinción delata una limitación o falta de matiz de
los griegos, y los que piensan, como los románticos, que refleja la profunda
intuición de la raíz común de todas estas actividades, intuición que la
sensibilidad y el pensamiento modernos han olvidado. Sea de ello lo que fuere,
la ambigüedad del término arte refleja, todavía hoy, el carácter heteróclito de
los objetos o las actividades mismas que designa. Los garabatos de un
bosquimano, una tumba etrusca, una iglesia gótica, un icono, un cuadro
impresionista y una "instalación" son objetos muy diversos que
responden a intenciones muy diferentes y que pocas veces pueden ser atribuidos
a una deliberada o exclusiva voluntad de crear arte.
(2) Werner Jaeger. Paideia
Profesión práctica basada en
determinados conocimientos especiales, aplicado a la pintura, escultura,
arquitectura, música; incluso a la medicina, la estrategia de la
guerra o al arte de la navegación. Dicha palabra trató de expresar que estas
labores prácticas o estas actividades profesionales no responden a una simple
rutina, sino a reglas generales y a conocimientos seguros; en este sentido, el
griego “techné” corresponde
frecuentemente en la terminología de Platón y Aristóteles a la palabra teoría
en su sentido moderno, sobre todo allí donde se la contrapone a la mera
experiencia.
Para los sofistas, educadores del
siglo de oro griego, las artes estaban formadas por la gramática, la
dialéctica, la retórica y la matemática (que incluía la armonía y la
astronomía).
(3) Felipe M. Marzoa. Historia de la
filosofía I.
Por “artes” se entiende en la
«universalidad» medieval todo aquello, de lo que en ella se enseña, que no es
teología, ni derecho, ni medicina (las otras tres «facultades»). El término
procede del concepto romano de “artes liberales”, donde “ars” significa «saber»
en el sentido de “techné” y
“liberalis” significa «propio del hombre libre», por lo cual se excluyen las
artes manuales (artes mechanicae). En el ocaso de la antigüedad se fijó el
número de siete «artes liberales» y su orden de sucesión: gramática, retórica,
dialéctica; aritmética, geometría, música, astronomía. Boecio llamó a las
cuatro últimas “quatrivium”, y el el siglo IX se dio a las tres primeras el
nombre de “trivium”
(4) Guthrie. Historia de la filosofía
griega III (Argumento de Platón en “Las leyes”)
Las cosas más grandes y bellas del
mundo son obra de las leyes de la naturaleza “physis” o del azar “týche”
(que es lo mismo). Los cuatro elementos, y los cuerpos resultantes de ellos: la
tierra, el sol, la luna y las estrellas, son materia enteramente inanimada. Al
moverse arrastrados cada uno por el azar de su propia fuerza, los elementos se
acoplan intima y convenientemente – lo cálido con lo frío, lo seco con lo
húmedo, lo blando con lo duro – y, fundiéndose por la necesidad del azar,
generaron el universo entero y todo lo que en el hay. El arte “techné” y los proyectos vinieron
después, como una fuerza más insignificante de origen puramente humano… incluye
todas las ramas de la producción humana o divina, o de inteligencia aplicada,
como opuestas al trabajo espontáneo “týche”
de la naturaleza “physis”.
(5) Una ilustración humorística de
Leonardo, según Vasari, sobre la creación humana y la de la naturaleza viene
recogida en el libro “Conocer Leonardo da Vinci y su obra” de Luis Racionero:
“Le preguntaron a un pintor por qué,
siendo tan buenas sus pinturas, que eran cosa muerta, hacía los hijos tan feos;
a lo cual replicó que las pinturas las hacía de día y los hijos de noche”.
(6) Felipe M. Marzoa. Historia de la
filosofía I.
La contraposición “techné” y “episteme” no tiene realidad léxica en
griego antiguo; aparece esporádicamente como recurso ad hoc (Aristóteles) y
sólo a partir de ello llegará a adquirir en época helenística una cierta
sistematicidad.
(7) Werner Jaeger. Paideia
La armonía expresa la relación de las
partes del todo. En ella se halla implícito el concepto matemático de
proporción, que en el pensamiento griego se presenta en forma geométrica e
intuitiva. La armonía del mundo es un concepto complejo en el que se hallan
comprendidos lo mismo la representación de la bella concordancia del sonido en
el sentido musical que la del rigor de los números, la regularidad geométrica y
la articulación tectónica.
Es incalculable la influencia de la
idea de armonía en todos los aspectos de la vida griega. Abraza la
arquitectura, la poesía y la retórica, la religión y la ética. Los conceptos de
ritmo, medida y relación se hallan en intima conexión con ella o reciben su
contenido más preciso.
Protágoras, según Platón, habla de la
educación del alma mediante la verdadera “eurhythmia” y “euharmostia”. La justa
armonía y el justo ritmo deben de nacer del contacto con las obras de la
poesía, de la que han tomado sus normas.
(8) Dirac, genial científico y premio
Nóbel de física, reafirmó la afinidad que mantienen las matemáticas y la
armonía al justificar que era más importante que una ecuación fuese bella a que
se adaptase por completo al proceso que quiere explicar. De esta forma la corriente filosófica de más
larga duración en el mundo griego, que influyo desde Parménides a Platón, sigue
irradiando su energía a nuestros días.
(9) Guthrie. Historia de la filosofía
griega I (según “Metafísica” de Aristóteles)
El descubrimiento de Pitágoras, según
el cual los intervalos básicos de la música griega podían representarse
mediante razones 1:2, 3:3 y 4:3, hizo que el “kosmos” – orden y belleza – se impusiera sobre la disposición
caótica del sonido mediante los cuatro primeros números enteros, 1, 2, 3 y 4.
Si los sumamos, el número resultante es 10, lo cual proporciona una asombrosa
confirmación, si es que no era la causa real, de la creencia pitagórica de que
el número diez «era algo perfecto, y contenía en su seno la naturaleza total
del número. Ellos representaron gráficamente este número mediante la figura
conocida por “tetractús”, que se convirtió en símbolo sagrado para ellos. Ello
se remonta a la dificultad que sienten los hombres en una fase primitiva de la
cultura, de separar los objetos numerados de los números en sí como
abstracciones, de formar el concepto de un número 3 distinto de sus
manifestaciones visibles en grupos de tres árboles o tres piedras…
La existencia de un orden inherente,
de una organización numérica en la naturaleza del sonido mismo, surgió una
especie de revelación…
Hay que recordar que lo que los
pitagóricos estaban intentando hallar no era el componente material básico del
universo, ni tampoco, los cambios físicos por los cuales se había originado,
sino, en primer lugar y sobre todo, la explicación del orden “kosmos” que se despliega ante sus ojos
y ante sus mentes y que, por razones fundamentales religiosas, era lo más
importante de la cuestión…
Los elementos últimos de todo son los
números “arithmós” y la totalidad del
cosmos debe su carácter de algo perfecto, divino y permanente al hecho de que
los números, de que se compone, se combinan del mejor modo posible según las
reglas de la proporción matemática “symetron”
. En resumen, el cosmos debe todas estas cualidades deseables al hecho de
que es una “harmonía”, y esta “harmonía”se encuentra, sobre todo, en
los majestuosos movimientos a escala cósmica del sol, la luna, los planetas y
las estrellas fijas. Los cielos no declaran la gloria de Dios, son la gloria de
Dios, porque el cosmos es un dios viviente, engarzado en una unidad única y
divina por el poder maravilloso de la armonía matemática y musical
(10) Guthrie. Historia de la filosofía
griega VI.
La virtud en la medida “metron”
y la proporción“symetron” consiste en seguir un término medio entre dos
extremos, aunque respecto a la valoración es un punto culminante o cima. El
rechazo del exceso y el defecto y la conservación de la medida debida como
garantía del bien fue una idea que Aristóteles compartió con Platón; ellos
dieron forma a una idea típicamente griega, encerrada en el mandato délfico
«nada en demasía» y reflejada en la filosofía pitagórica, los poetas trágicos y
en otros lugares. Este énfasis sobre el valor de la moderación y el peligro del
exceso es quizá el legado más valioso del pensamiento ético griego, bien en la
sabiduría popular o en la teoría filosófica.
(11) Werner Jaeger. Paideia
La intuición originaria que se halla
en el fondo del descubrimiento griego del ritmo “rithmós” (de fluir “réo”),
en la danza y la música, no se refiere a su fluencia, sino por el contrario, a
sus pausas y a la constante limitación del movimiento. El ritmo es lo que
impone firmeza y límites al movimiento y al flujo. Veamos su utilización en
Esquilo.
- Prometeo se halla sujeto, inmóvil en
su roca, con grilletes de hierro y dice:
«me hallo encadenado aquí, en este
ritmo»
- Dice Esquilo sobre Jerjes que «ha
encadenado el flujo del Helesponto y ha dado forma (ritmo) al curso del agua»
es decir, lo ha transformado en un puente y lo ha sujetado con firmes
ataduras.
(12) Guthrie. Historia de la filosofía
griega VI.
Aristóteles era plenamente sensible a la atracción
estética de de los elementos de orden, simetría y límite, que, siguiendo a
Platón, considera las formas fundamentales de la belleza, que las ciencias
matemáticas evidencian del modo más conspicuo. La belleza no es lo mismo que el
bien y puede observarse tanto en lo inmóvil como en lo que se mueve.
El estudio de cuales números son
concordantes y cuales no – en abstracto, sin relacionarlo con la música audible
– es «útil en la búsqueda de lo que es bello y bueno, pero inútil cuando se
lleva a cabo por cualquier otro motivo». La distinción entre lo bueno “agathón” y lo bello “kalón” es una matización puramente
aristotélica.
(13) Werner Jaeger. Paideia
La cultura griega no es posible sin
que se ofrezca al espíritu una imagen del hombre tal y como debe de ser. En
ella la utilidad es indiferente o, por lo menos, no es esencial. Lo fundamental
en ella es “kalón”, es decir,
belleza, en el sentido normativo de la imagen ideal.
La poesía griega, en sus formas más
altas, no fue solamente un fragmento cualquiera de la realidad, sino un escorzo
de la existencia en relación a un ideal determinado.
Nota: El verbo «hacer» “poiéo” forma en griego el sujeto de la
acción como «hacedor, creador, poeta» ”poietés”;
también expresa en abstracto la acción de hacer «creación, poesía» “poíesis”; así como el resultado del
hacer «lo hecho, el poema» “poíema”.
(14) Proyecto Cío. Musas
Las Musas son ninfas relacionadas con
ríos y fuentes. Engendradas por Zeus y Mnemósine ("La Memoria"),
según Hesíodo, o por Urano y Gea, según alguna otra versión como la del poeta
Alcmán, son capaces de inspirar toda clase de poesía, así como de narrar a un
tiempo el presente, el pasado e incluso el futuro, dadas sus virtudes
proféticas. El número de estas deidades también admite variantes (tres, siete,
etc), pero fue Hesíodo el primer poeta que, en su teogonía, citó un total de
nueve, dándoles además estos nombres que, en griego, tienen un significado
concreto.
Será más adelante, ya en época
helenística (a partir del siglo IV a.C.), cuando se le asigne a cada una de
ellas un dominio o función propia dentro de la literatura. Se les atribuirán
además una serie de emblemas característicos que son los que nos permiten
reconocerlas y distinguirlas en las representaciones gráficas.
(15) Conferencia: La danza en el
teatro grecolatino. Julio Gómez Santa Cruz
…Como dice Euripides en Las Bacantes:
“toda la tierra baila: los animales, los
pájaros en el cielo, los árboles mecidos
por el viento, los peces y los barcos en el agua, los ríos…”
Esa danza, lejos de ser un arte
autónomo, aparece asociada a la música y los cánticos. De esta forma, danza,
música y canto, en su conjunto, constituyen a su vez otro arte: la “mousiqué”
Es
decir, se bailan los poemas, interpretando con movimientos rítmicos de brazos,
piernas, cabeza y cuerpo el recitado de mitos e historias que puede hacer el
propio bailarín u otra persona acompañados de música (vid. Lám. III y gif. 23
de la lám. V por ejemplo)
Música,
poesía, danza eran, en fin, elementos de una misma cosa: el arte de las Musas,
la “mousiké”, entendida como educación de la mente y por tanto, esencia de la
civilización; propio de lo heleno y desconocido por los bárbaros.
De
las 9 musas que amenizaban los banquetes divinos, la danza es representada
desde época clásica, por Terpsícore
que junto al canto y el deleite de la
poesía, aparece tocando la lira y acompañando a los coros de danzantes (vid.
Lám VI, fig. 33 a Euperte (música), Talía (comedia), Caliope (ritmo) y
Tersciore (danza)
Por
lo que respecta a los orígenes de la danza, si nosotros ya consideramos este
arte como el más antiguo del hombre; los griegos también especularon sobre esa
remota antigüedad…
…La
danza, tanto hoy como ayer, cumple
distintas funciones al servicio de complejas fuerzas colectivas, sociales,
estéticas y religiosas. Existe la creencia universal de que la danza, en cuanto
arte rítmico, es símbolo del acto de la creación; metamorfosis que tiende a convertir al
bailarín en dios, demonio o una forma existencial anhelada.
…Si
Apolo actúa como dios de la armonía, inventor de la música y de la poesía;
portador de la lira de Hermes y de la flauta de Marsias; Dionisio aparece, vinculado a los primeros ditirambos…
(16) Guthrie. Historia de la filosofía
griega IV.
El nombre de “ion” (literalmente «cosedor de cantos»), se les daba originalmente
a recitadores como Homero y Hesíodo, que interpretaban su propia poesía y se
acompañaban con una lira. Posteriormente se aplicaba a recitadores
profesionales que no eran poetas, pero declamaban poesía, sobre todo la de
Homero, (pretendían tener ascendencia homérica) en varias ciudades griegas y en
los grandes festivales, en los que congregaban a grandes multitudes y competían
en los certámenes, distinguiéndose por un bastón y unas vestiduras especiales.
El significado con el tiempo llegó a
ampliarse a los «rapsodas» que no decían ser descendientes de homero, pero eran
poetas por derecho propio, rapsodas en el sentido original en el que lo había
sido Homero y en el mismo sentido en el que Píndaro menciona a los homéricas
«recitadores de cantos cosidos», empleando la palabra «aedo» “aoidós” que en Homero se aplica
regularmente al cantor que canta sus propios poemas.
El poeta apelaba a las «musas» cuando
le fallaba su propio conocimiento y su sabiduría como autoridad superior: este
no les pedía que entraran en el, que le inspirarán o le poseyeran. Así, en la
Ilíada invoca su ayuda, pero «se refiere al contenido, y no a la forma. Siempre
pregunta a las “musas” lo que va a decir, no cómo va a decirlo; y la materia
por la que pregunta tiene siempre un carácter factual». El poeta recibe ayuda
sobrenatural en su relato, como sus héroes en sus aventuras, pero no dice nada
de posesión, éxtasis o frenesí. La “musa” no está en el poeta, reemplazando el
pensamiento de éste, como Dionisio en la bacantes, con quienes Platón compara
al poeta en su dialogo Ion.
La tesis de que una explicación
mística de la poesía basada en la posesión dionisiaca no apareció hasta el
siglo V a. C, y de que era una adaptación filosófica de una concepción
puramente homérica de la relación entre el poeta y los poderes divinos, no se
puede dar por probada completamente, al depender de un argumento ex silentio.
(17) Mitosgriegos. Divinidades menores
Ninfas: Personifican
la fuerza de la fecundidad en la Naturaleza.
Nereidas.
Personifican
las olas del mar.
Musas. Protectoras e
inspiradoras de las ciencias y las artes liberales, especialmente la poesía. En
época helenística, a partir del siglo IV a.C, se les asignó a cada una de ellas
un dominio o función propia dentro de la literatura.
Moiras. Personalización
del destino.
Horas. Rigen el orden
social y el orden de la naturaleza
Cárites. Personifican
el encanto y la belleza.
Erinias. Personifican
el castigo.
Sátiros. Genios de la
Naturaleza; les gusta el vino, la danza y la música; pertenecen a la corte de
Dionisio. Cuando son viejos se les llama Silenos.
Harpías. Raptoras de
almas y de niños.
Sirenas. Con sus cantos
atraían a los incautos marineros, que incapaces de resistirse, chocaban
irremediablemente contra las rocas.
(18) Articulo: La interpretación
nietzscheana de la antigüedad griega. Herbet Frey
Mediante el mito los griegos lograron superar un mundo originalmente
lleno de horror. El mito debía hacer desaparecer aquello que le causaba al hombre
su incapacidad de dominar al mundo: el miedo. Porque en términos arcaicos, el
miedo no se refería tanto a aquello que aún no se hubiese reconocido, sino a lo
propiamente desconocido. Lo desconocido carece de nombre y al no tener nombre
no se le puede conjurar ni invocar ni atacar por medio de recursos mágicos. Una
vez que se hayan encontrado nombres para lo desconocido se da una familiaridad
con el mundo, por lo menos en un nivel imaginario.
(19) Felipe M. Marzoa. Historia de la
filosofía I.
Aunque en las reconstrucciones de la
historia del pensar haya llegado a ser un lugar común la contraposición de
«mito» y «logos», lo cierto es que el nombre usual en griego, incluso en la
época de Platón y Aristóteles, para designar eso que nosotros llamamos «el míto»
es “lógos”. Lo que llamamos los
«mitos» griegos son en griego «los decires» “hoi lógoi”; “mýthos” y “lógos”
significan lo mismo, a saber: el decir. Y ¿por qué el decir parece ser en
particular eso que nosotros llamamos «el mito»? Sencillamente porque nosotros
llamamos así a una cierta recopilación y organización (comenzada en el
helenismo) de los contenidos de la poesía griega, y el poema es en efecto el
decir por excelencia en el sentido de que eso que nosotros llamamos el poeta es
el experto en decir tal como – por ejemplo – el experto en colores es para el
griego el pintor (no el físico).
“Lógos” proviene del
verbo “légein” que significa reunir y
tiene carácter discriminatorio, selectivo y caracterizante; por ejemplo:
buscar, recoger y juntar las piedras para hacer un muro (no pueden ser
cualesquiera); por tanto un reunir que es a la vez separar, que concede a cada
cosa su lugar, su carácter, su ser; esto es ciertamente lo que acontece en el
“decir”.
“Alétheia” (verdad)
viene del verbo “lanthánein” (permanecer
oculto). El griego nombra la verdad con una palabra de negación o rechazo del
permanecer oculto; la verdad es ruptura, desgarro; la presencia consiste en una
brecha.
La palabra “kaos” significa abertura, grieta, abismo – el verbo “kaíno” significa: abrirse la tierra,
abrirse una herida, abrir la boca – y no tiene nada que ver con la
contraposición caos-cosmos de la contemporaneidad.
¿por qué
es el poeta el experto en decir? Lo es porque el poeta se mantiene en el decir
mismo, esto es, en el “légein”, o sea, en la
abertura o ruptura misma, por eso el poeta nombra las cosas, esto es, las trae
a presencia; en el se cumple eso de que la presencia de las cosas tiene su
esencia en la ruptura y la tiene por cuanto a la ruptura le es inherente
perderse; desde el desgarro, el poeta funda la tranquila presencia de las
cosas.
(20) Felipe M.
Marzoa. Historia de la filosofía I.
El
“permanecer oculto” es lo que hay … y la abertura es el “ámbito” o el “donde”,
del cual nosotros, modernos, estamos radicalmente alejados por el hecho de que
una ulterior interpretación … que interpreta la distancia a partir del punto o
del instante, por lo tanto como distancia entre dos puntos, entre los cuales se
podría señalar otros, de modo que el que todos los puntos sean igualmente puntos
exige que más allá de los dos en cuestión se puedan señalar otros, etc., con lo
cual la original distancia acaba siendo un segmento dentro de un infinito;
frente a lo cual el “entre” o la distancia o el ámbito griegos no requieren
referencia alguna a un infinito “dentro el cual”.
La muerte
es el límite puro y simple, y no puede ser asumido en marco alguno donde la
finitud se conciba como limitación dentro de lo uniforme e infinito. De esta
forma exponemos la prioridad del punto o instante sobre la distancia.
(21)
Apuntes del seminario “El nacimiento de la filosofía” de Teresa Oñate.
En Grecia
el tiempo cronológico tiene su origen en "Cronos" - dios griego que
mató a su padre Urano (el cielo) y vivió matando a sus hijos para no ser
destronado - es el tiempo que vive de la desaparición del instante
anterior, es el tiempo que deja obsoleto todo lo pasado. Es el tiempo de
nuestra cultura ilustrada que progresa dejando una estela de destrucción y
muerte.
El "aidion" es tiempo
permanente y durativo, el tiempo del ser que siempre ha existido y siempre
existirá, el tiempo sincrónico que permite a un acontecimiento, a un texto del
pasado vivir en el presente y modificarlo. Para los griegos el
enlace - la racionalidad - que permite, desde la vivencia del tiempo
cronológico, llegar a comprender el tiempo permanente es el placer del instante
absoluto, de la eternidad inmanente, es el "aion".


