miércoles, 19 de diciembre de 2007

La «physis» y la resiliencia


Dedicado al profesor Francisco López Bermúdez (Paco) y a Chillida que nos ilustra con su obra «physis» y su fragmento.

«Desde el espacio, con su hermano el tiempo, bajo la gravedad insistente, sintiendo la materia como un espacio más lento, me pregunto con asombro sobre lo que no sé.
Trabajo para conocer y doy mayor valor al conocer que al conocimiento.
Creo que debo tratar de hacer lo que no sé hacer, intentar ver donde no veo, reconocer lo que desconozco, identificar en lo desconocido.
En estos procesos, similares a los de la ciencia creativa, existen muchas dificultades.
Se cuentan con las manos de ayer pero faltan las de mañana.
Conozco la obra antes de hacerla, pero no sé ni quiero saber en ese momento cómo va a ser.
Conozco muchos datos sobre esa obra en la que vivo, pero no admito ninguno que me quite la libertad y la acción del presente.
Creo que las obras conocidas a priori nacen muertas y que la aventura, al borde de lo desconocido, es la que a veces puede producir el arte». “Escritos”. Chillida

En la maravillosa conferencia de Alguazas nos habían hablado las rocas, el paisaje y la vegetación; de qué otro modo podía ser, si era Paco -que tan bien interpreta el lenguaje de la physis en la naturaleza- quien nos lo transmitía con su pasión habitual. Además, aparecieron términos que se referían a los límites de los sistemas naturales -y como siempre que se habla de límites, nos aproximamos al verdadero pensamiento- en concreto saludamos a la palabra resiliencia en sentido conceptual (que en ingles se expresa bien como «resilency» o bien como «resilience»). Es decir, «la capacidad de los ecosistemas, de la vegetación a sobrevivir bajo condiciones hostiles; la capacidad de recuperación de los ecosistemas a su estado inicial, siempre y cuando no se haya traspasado su límite o umbral de capacidad de acogida; y si se traspasa, ya no hay posibilidad de recuperación.»

En este contexto, de la «physis», es decir de la espontaneidad autolegislada de la naturaleza -siempre en griego tiene el sentido de salir a la luz: crecer, brotar, surgir, nacer- también para nuestros maestros griegos, el lenguaje era «physis». Las palabras no solo forman conceptos y definiciones encerradas en un capullo, sino que florecen esplendorosamente y su polen se distribuye en todas las direcciones de la rosa de los vientos. Cuando se habla de «physis», ya desde el origen de la filosofía, hay que hablar de «techné» y ambos términos desembocan en el río de nuestra contemporaneidad. El afluente griego «techné» atraviesa Roma con el nombre de «ars» antes de desembocar en el río que llamamos «arte» a su paso por la vecindad de nuestro idioma contemporáneo; sus aguas tienen un sentido de conocimiento, de técnica y de habilidad. El artesano o el demiurgo humano se apoya en la «techné» para vencer al azar y la fortuna «týche», en oposición a la naturaleza y al lenguaje (también las bellas artes) que por su «physis» brotan espontáneamente, precisamente por la «týche».

En este estado de cosas, el carajillo que había tomado en la relajada charla posterior con un grupo de amigos, entre los que se encontraba Paco, me había mantenido despierto en el mismo contexto de la «physis», donde Paco nos había llevado en la conferencia. En un lugar donde la palabra “resilience” había quedado resonando, y así como cuando escuchamos «don´t worry”, inmediatamente pensamos en «be happy», su propia sonoridad quería reposar en el lugar donde se encontraba. En este sentido, dice Heidegger que «sólo quisiéramos de una vez llegar propiamente al lugar donde ya nos hayamos» … y que «la experiencia del pensar es un extraño salto que nos hace falta ver que todavía no nos detenemos lo suficiente en donde en realidad ya estamos».

La oscilación de este término “resilience”, me ha llevado desde la traducción de “resilience” como “resistencia” (de una persona) o “elasticidad” (de un material) a un pequeño artículo que busca su perspectiva griega: “La relación yo-mundo en el caso Bill: una lectura desde la perspectiva griega” de Virginia Beretervide. Dice así:

«La resiliencia, en tanto la capacidad que tienen las personas para soportar una crisis o una adversidad, recobrarse y salir fortalecido, es un fenómeno que permite la lucha por la supervivencia, siendo por lo tanto tan antiguo como la misma humanidad aunque no se lo haya reconocido antes con este vocablo.
El intento de este trabajo será rastrear las posibles raíces griegas de esta noción, centrándose en especial en la noción estoica de "oikéiosis", término que designa la percepción y la apropiación de sí que hace que cada ser vivo se experimente como perteneciente a sí mismo, inclinándose a la búsqueda de aquello que le permite autopreservarse para poder seguir existiendo y en noción de "ataraxia", más propiamente epicúrea.
Otro nexo puede encontrarse en Platón, en la "fortaleza" y "templanza", dos de las cuatro virtudes principales, desarrolladas posteriormente por el pensamiento cristiano en Sto. Tomás.
La resiliencia habla de actitudes, acciones y estímulos con las cuales uno se enfrenta con la vida en su conjunto, de ese ánimo con el que cada uno se acepta a sí mismo como figura básica de su existencia.»

Relacionado con este articulo, y en agradecimiento a esos “gigantes” -como Paco llama a nuestros maestros- la resonancia de «resilience» me ha acercado al termino griego «oikéiosis». La raíz de la palabra «oikéiosis» es «oikos» que significa hogar y familia. Por tanto, «oikéiosis» en referencia a la Tierra, como hogar que permite la vida y entre ella a la familia humana, puede tener el sentido de capacidad de autopreservación de la Tierra (y nosotros con ella) para mantener su equilibrio entre los límites de estabilidad.