
Desde la amistad y el lenguaje, capaz de renacer de forma festiva entre una experiencia de ausencia, dedico esta lúdica receta a los compañeros con los que he compartido vivencias, enlazadas al trabajo, en estos últimos años. También se la dedico a mi madre, que me dictó la receta en un formato más gastronómico.
Ingredientes:
250 gramos de chocolate puro, sin leche
250 gramos de mantequilla
6 huevos
1 cucharada de postre de levadura (Royal)
250 gramos de harina
200 gramos de azúcar
Un poco de azúcar glass (azúcar molido)
Procedimiento:
La mantequilla y el chocolate se agitan en un recipiente a fuego lento, hasta que el chocolate quede deshecho por la pasión. En otro lugar, las claras de huevo se baten en duelo con su propio ser, por su enlace intempestivo con el aire, para transformar así su textura y color llegado el clímax del punto de nieve. En un tercer espacio las yemas de huevo se revuelcan de placer entre la harina y el azúcar -de este encuentro participa también la levadura, que en la cocción facilitará un lecho al aire para lograr la consistencia más apetecible-, hasta quedar mezcladas en una misma entidad.
Para lograr la unidad de ingredientes, el chocolate disuelto -ya relajado de la tensión del calor- se vierte con suavidad sobre la pasta de harina, mientras ambos giran entrelazado en unos pasos de vals. Por último, la espuma blanca de las claras se añaden a la danza, hasta que los sentidos sólo perciben una única sustancia, la eulisis.
Ésta alquímica sustancia se vierte en el molde adánico, espolvoreada su superficie con una pequeña capa de azúcar. El molde puede haberse preparado con un recubrimiento de papel de aluminio y una fina capa de mantequilla o aceite, para recibir así cariñosamente la mezcla de chocolate. Una vez que el horno viaja estable con su temperatura de crucero (180ºC), el recipiente primigenio se introduce en el habitáculo térmico para su proceso de cocción. La travesía, para completar su gestación, se demorará unos 30 minutos.
Durante la ruta se recomienda encarecidamente no abrir la matriz progenitora, para evitar que los vientos desconocidos malogren el resultado. Sin embargo, una vez llegado a puerto, se puede introducir una cata para verificar la correcta cocción, antes del desembarco.
El caliente postre de chocolate se saca a la luz con mucho cuidado, y se deja descansar del viaje hasta que baje su temperatura. Una vez frío, puede ponerse en una bandeja y decorarse con una capa de azúcar glass. De esta forma, queda a la espera de compartir y disfrutar con los amigos.
