
Con la serenidad que da la amistad, me voy a acercar a la obra de un pintor amigo mío (José Luis Simón), cuyo cuadro da nombre a este escrito. El marco de reflexión artística me lo ha proporcionado el apartado «La henología de los límites presocrática como teología racional délfica» del texto de Teresa Oñate «El nacimiento de la filosofía». La pregunta que late en la redacción de este escrito es la relación del proceso artístico con el proceso de la formación del pensamiento, que utilizaron los primeros filósofos de la naturaleza, que necesitaban la asunción de los límites y la muerte, y encontraban en la racionalidad del mundo su propia divinidad.
La reflexión sobre los límites en la obra de un artista lo aproxima a un proceso constituyente, donde emergen a la superficie las unidades simbólicas de sentido indivisibles y eternas que el artista, como individuo sensible al conocimiento inmanente de la naturaleza, descubre y convierte en su mundo alegórico de representación artística.
Lo uno-indivisible, intensivo, eterno y divino de la naturaleza es múltiple porque forma parte de las unidades de síntesis que son creadas por la espontaneidad autolegislativa de la propia naturaleza o del artista sujeto a iguales principios. Estas unidades de síntesis compuestas, por lo tanto divisibles, con unos límites determinados - tienen el carácter propio y único de la obra que ha dado vida el artista - pasan a formar parte del patrimonio de la humanidad; y la diversidad de sus interpretaciones conforman la casualidad fenoménica de la obra a través de múltiples individuos, épocas y lugares distintas que dan lugar a verdades plurales alternativas.
Todo lo que no tiene principio, como nos enseño Aristóteles - en el sentido de disponer de origen y final, y por tanto ser consecuencia - es un principio con carácter de ley. La obra de un artista habitualmente tiene periodos regidos por una ley de creación y otros periodos constituyentes donde reflexiona sobre los límites y las leyes que conforman su visión artística; de esta forma, se pueden dar obras que forman parte de un determinado periodo y otras que representan a la propia ley, por pertenecer al proceso constituyente.
El cuadro de José Luis «Límites para una vivencia» que nos sirve de «tribuna» para observar el arte desde una óptica de pensamiento presocrático es precisamente una obra «principio», un cuadro que describe las leyes de racionalidad artística que regirán un periodo importante de su obra; los cuadros de esta época desvelarán a través de sus unidades de sentido el mundo vital de nuestro querido amigo.
En este cuadro el principio que nos muestra José Luis es «la ley de la vida», esta ley de la naturaleza permite enlazar los elementos y mantener la armonía y el latido artístico del cuadro. La monada del corazón-puño es la unidad indivisible que forma parte de la riqueza simbólica de nuestro pintor y de la divinidad inmanente de la naturaleza. Este corazón es la fuente de vida, la presión y fuerza que se transmite por las líneas de corriente que enlazan las singularidades del cuadro.
Las franjas laterales, que limitan el marco principal del cuadro, también nos dan otra clave, otro principio de la obra de José Luis. Las palabras y frases del lenguaje simbólico se confunden y aparecen como sombras en la zona oscura del cuadro; al descorrerse la oscuridad de la zona central, mejora el contraste de los símbolos en un mar de claridad, nos abre y desvela la ley de rige los elementos, el color y las texturas. Posteriormente José Luis descubrirá que sus monadas eternas sobreviven en contrates con fondo azul y posiblemente alguna vez las zonas oscuras cubrirán la zona central del cuadro y serán capaces de sobrevivir.
Cuando José Luis refleja la vida en su obra y la entrega al fluir eterno de la diversidad interpretativa se sitúa a la vez en los límites de dos mundos, el humano y mortal regulado por el tiempo cronológico y el artístico que es inmortal y determinado por el tiempo sincrónico de la eternidad. Estas obras de arte, creadas cuando Dionisos forma parte del propio ser del artista, permitirán a los hombres reconocer la eternidad durante los momentos de éxtasis cuando desaparece Cronos y el tiempo queda congelado en un momento sin movimiento.

