lunes, 25 de junio de 2012

Sobre el arte (3) El Arte en los meandros del lenguaje


-Durante la siesta Pencho ha estado recopilando la información que ha conseguido  sobre el origen de los términos relacionados con el arte y se dispone a presentársela a sus amigos. Sin embargo, no sabe si se les resultará un poco pesado, al menos, espera que sean un poco condescendientes con él hasta llegar a la segunda parte del apartado VII, donde relaciona los antiguos términos griegos con la comprensión contemporánea del arte. Tampoco tiene muy claro que presten mucha atención cuando en el apartado VIII de un salto en vacio y defina el arte mediante una función matemática, aunque espera que se despierten para las justificaciones finales en las que responde a las preguntas que el mismo planteó en el capitulo anterior. Piensa acabar con una pregunta nacida de una reflexión de Nietzsche. También tiene previsto entregar una copia de algunos fragmentos de los libros que ha consultado.
Pencho: Queridos y admirados amigos, me gustaría dedicaros mi viaje en busca del arte a través del lenguaje y la cultura griega. Trataré de relatar lo que me han contado los sabios transeúntes que he encontrado en el camino, además al acabar os entregaré una copia del manuscrito con sus propias explicaciones, para quien quiera tener más referencias sobre el viaje.
I. Preparación del viaje
Para mojar nuestra piel con las aguas del lenguaje escrutaremos los principios que bañaron nuestra cultura; eludiremos la imposibilidad, según Heráclito, de sumergirnos dos veces en el mismo río al despojarnos de la rigidez de nuestros conceptos y navegaremos por el movimiento fluido que denominamos “arte”. Nos zambulliremos para ir en la búsqueda de las relaciones de semejanza, que de forma adimensional, nos transporten a un punto de remanso desde donde interpretar los afluentes léxicos próximos al río que nace en el mundo helénico. Cada uno de los afluentes será como un tensor que nos permitirá viajar en un tiempo sincrónico y proyectar sobre los ejes de cada época las líneas de corriente que se mueven en el rio del “arte”.
II. La espera y la partida
Durante la espera de buenos vientos que nos impulsen a navegar en sincronía,  podremos descansar en la catedral de Siracusa – lugar espiritual y de culto con continuidad desde el siglo V a. C. Su construcción nos revelará la estela del arte desde la Trinacria griega hasta nuestros días. La composición de su arquitectura nos mostrará un origen como templo habitado por  Atenea, su posterior conversión en basílica cristiana para recibir a los fieles bizantinos, sus rasgos árabes mientras fue mezquita musulmana, su vuelta a la cristiandad como iglesia normanda y su refundación como catedral barroca.  
Con el permiso del oráculo zarparemos. Para elevar el ancla de nuestro texto, eliminaremos el gradiente que envuelve los sucesos del lenguaje e iniciaremos el viaje; nos acercaremos  a los viejos barrios griegos de callejuelas y bazares de palabras con los más variados significados y con la profundidad de los primeros sentimientos; nos internaremos en los manantiales de olores y sonidos que nos recuerden el sabor del arte.
Después de perdernos en el bullicio de los textos, un caminante nos entregará un trozo de papiro con una inscripción: « La obra del poeta ”poietés”, con su arte “techné”, busca en la “mousiké” la “harmonía” del “lógos” ».  Con el papiro entre las manos preguntaremos a cada transeúnte, cuando su mirada nos lo permita, hasta entender las palabras acuñadas por la cultura griega (1) “paideia” y descifrar el “enigma”.
III. Primer encuentro o del episodio de la “techné” versus “physis”.
El afluente griego “techné” (2) atraviesa Roma con el nombre de “ars” (3) antes de desembocar en el río que llamamos “arte” a su paso por la vecindad de nuestro idioma contemporáneo. Sus aguas tienen un sentido de conocimiento, de técnica y de habilidad; también deben de vencer el azar y la fortuna “týche“ para crear una obra por medios humanos”, en oposición a la naturaleza “physis” que brota espontáneamente (4) (5) por medio de la “týche“  . En otros glaciares de las mismas montañas se origina el término “epistéme” (6), y por largo trayecto su significado se mantiene próximo a “techné”; en nuestros días vierte sus aguas en el río de la filosofía y la ciencia, con el sentido de conocimiento científico.
IV. Segundo encuentro o del episodio de la “harmonía”
El término de “harmonía” (7) nace en el regazo de la “mathemática” pitagórica (8) como orden “kosmos” (9), medida “metron”  (10) y proporción “symetron” del todo, para permitir desde la cultura griega escuchar la sinfonía musical del universo. Toma la forma intuitiva de número “arithmós” y produce la cadencia del “rythmós” (11); se funde con la arquitectura y la escultura, así como con el pensamiento ético “éthos” ; sus aguas subterráneas se filtran en todo el pensamiento griego. Lo bello “kalós” (12) y lo bueno “agathós” se mueven junto a la ética helena del héroe y la virtud “areté”.
V. Tercer encuentro o del episodio de la “mousiké”
El rió del arte, en sentido griego, es creación “poíesis” (13) inspirada por la lluvia de la musas “mousiké” (14) en la danza “khorós” (15) del ciclo de la vida; el poeta “poiétes”  «cosedor de cantos» “ion” (16) es el invocador de las musas y mediador entre lo divino y lo humano. Si mojamos nuestro cuerpo con la frescura de la lluvia sentiremos la presencia cercana de las musas: Clío (la que ofrece gloria), Euterpe (del buen placer), Terpsícore (del deleite de la danza), Polimnia (de los muchos himnos), Caliope (la de bella voz), Érato (la amable), Melpóneme (la melodiosa) y Talía (la festiva).
Como danzantes “khoretés" aparecerán junto a los mortales y los dioses las divinidades (17) de la belleza y la armonía (horas, cárites y musas) así como otras ninfas, nereidas, moiras, erinias, sátiros, harpías, sirenas y otros seres de los dichos griegos.
VI. Cuarto encuentro o del episodio del “mýthos" y “lógos”
Con los latidos del amanecer, el lenguaje surge de la neblina nocturna del mito “mýthos"(18), junto al río de la vida, en su unión con el mar de la cultura. La silueta de una grieta “kaos” en la bruma produce un desocultamiento “alétheia” y la palabra “lógos” (19) da nombre a lo que ha quedado separado: a la tierra y al cielo, al mar y al río.
VII. La danza del arte
Los puntos desde los que se puede escudriñar el universo helénico, con nuestro telescopio lingüístico, son indeterminados porque “cronos” devora cada instante para pasar al siguiente; sin embargo, para esquivar su destino nos remontaremos al principio (20), en el tiempo sincrónico y permanente del “aidion” (21), donde las palabras encontradas de la “paideía” griega han quedado remanentes en el tiempo como la luz de fondo en el big-bang del universo; desde el “aion” finito de nuestra vida, en oposición a “cronos” seguiremos la estela del placer para reconstruir el lenguaje artístico griego como el todo, la danza, de las partes de nuestro pergamino: “techné”, “mousiké”, “harmonía” y “lógos”.
Cuando en nuestros días utilizamos el término arte, éste toma el atuendo medieval de  “bellas artes”  y aunque nos seguimos refiriendo a una “techné”o técnica, en el aspecto más procedimental de la actividad artística, sin embargo, en el aspecto más creativo no se opone al azar y la fortuna “týche“, sino que se alía con ella como hace la naturaleza “physis”. Para lograr ese comportamiento, más propio de la naturaleza que de la técnica, el artista recibe la inspiración de las musas “mousiké”para acceder a una razón común “lógos” que mira en dirección a la eternidad. El lenguaje utilizado por el arte sigue manteniendo los recuerdos estéticos de armonía, medida, proporción y ritmo, aunque el término bello aparece en discusión con lo sublime.
VIII. Holografía matemática y justificaciones

La función artística fa que determina una obra de arte y como una expresión del lenguaje artístico x quedaría defina por:
        fa: La ®  Oa
              x   ®  y=f(x)
Donde La es el conjunto de elementos (materiales e inmateriales) que denominaremos lenguaje artístico -que es propio de un autor- del que se tomarán los valores para x,  de tal forma que al ser reemplazados en la fórmula y=f(x) sea posible determinar la obra de arte y, perteneciente al conjunto de las obras de arte, que denominaremos Oa,  y que representan las expresiones bien formadas de elementos del lenguaje artístico de acuerdo a las premisas del autor.
Para obtener la obra de arte (variable dependiente) y se disponen de las variables de decisión t, l, e, i, las cuales forman parte de la variable independiente x de la función. Diremos así que x es una variable vectorial de cuatro componentes x = (t, l, e,i).  Si estas cuatro componentes las contextualizamos para el conjunto de elementos empleados por un autor T, el conjunto de los símbolos básicos de su lenguaje L, el conjunto de parámetros estéticos E que dan armonía a la  obra – en el sentido matemático de proporción, ritmo o mesura – y el conjunto de significantes inspiradores I que favorece el proceso artístico, tenemos que:
          tÎT, lÎL, eÎE, iÎI, de foma que xÎLa=TÇLÇEÇI
Puesto que y=f(x)=f(t, l, e,i), ésta debe de ser una expresión bien formada de elementos del lenguaje artístico, de forma que yÎ Oa.
De esta definición podemos sacar las siguientes justificaciones:
  1. Existe un lenguaje artístico verdadero para cada autor. El lenguaje artístico es un conjunto de elementos propios de un artista, relacionado con las técnicas que emplea, sus elementos simbólicos, los parámetros estéticos que utiliza i la inspiración que dirige su obra
  2. Sí existen dimensiones que permiten determinar qué es una obra de arte, como se comprueba con la definición dada, aunque sólo sea un ejemplo, y a pesar de que una obra de arte no puede quedar cerrada a una única definición.
  3. La técnica material de una obra artística forma parte del lenguaje artístico de forma indisoluble, aunque se base en el propio instrumento vocal humano o la expresión corporal de éste.
IX. Antitesis o la nueva abertura “kaos”
La afirmación de Nietzsche “no hay hechos sino interpretaciones” nos cambia el escenario y nos obliga a una nueva reflexión:
¿Existe la obra de arte o solo su interpretación?
X.  Manuscrito de los  transeúntes
(1) Articulo: Arte. Xavier Rubert de Ventós
…cuando Platón quería hablar de lo que hoy llamamos obras de arte, insistía precisamente en que no son producto del "arte" -de una técnica aprendida-, sino de la inspiración, del entusiasmo o furor divino (Ión). Y en el mismo Diálogo Platón recuerda aún el otro origen del arte: el mito, el culto, la ceremonia ritual... El sentido etimológico del término es pues en Grecia mucho más amplio y más difuso que el actual, y engloba elementos que hoy tenderíamos a distinguir como artísticos, científicos, técnicos y religiosos.
Tampoco la clasificación y la distinción entre las artes fue "clara y distinta" en Grecia, donde la “mousiké” era a la vez poesía, teatro y música, y donde la escultura, la pintura y el arte de la construcción estaban aún integrados. La estricta distinción entre las artes no se inició hasta el período helenístico y no culminó hasta la época moderna con la transformación del arte de la iluminación, de la vidriera o del retablo en "pintura", de la polifonía en sinfonía o del gregoriano en música de cámara. La elaboración teórica y la consagración de esta diferencia entre arte y práctica ritual o secular son aún más tardías: no es hasta el siglo XVIII cuando los filósofos empiezan a hablar del arte en el sentido en que hoy lo entendemos. La Académie d'Esculpture et de Peinture, fundada por Colbert, sólo fue denominada des Beaux Arts desde su reorganización en 1795.
Y bien: parece evidente que si los antiguos no tenían un término o una institución específica para designar la actividad "artística", es porque no la apreciaban como algo independiente. A partir de ahí la discusión queda abierta entre quienes creen, como Colingwood, que esa indistinción delata una limitación o falta de matiz de los griegos, y los que piensan, como los románticos, que refleja la profunda intuición de la raíz común de todas estas actividades, intuición que la sensibilidad y el pensamiento modernos han olvidado. Sea de ello lo que fuere, la ambigüedad del término arte refleja, todavía hoy, el carácter heteróclito de los objetos o las actividades mismas que designa. Los garabatos de un bosquimano, una tumba etrusca, una iglesia gótica, un icono, un cuadro impresionista y una "instalación" son objetos muy diversos que responden a intenciones muy diferentes y que pocas veces pueden ser atribuidos a una deliberada o exclusiva voluntad de crear arte.
 (2) Werner Jaeger.  Paideia
Profesión práctica basada en determinados conocimientos especiales, aplicado a la pintura, escultura, arquitectura,  música;  incluso a la medicina, la estrategia de la guerra o al arte de la navegación. Dicha palabra trató de expresar que estas labores prácticas o estas actividades profesionales no responden a una simple rutina, sino a reglas generales y a conocimientos seguros; en este sentido, el griego “techné” corresponde frecuentemente en la terminología de Platón y Aristóteles a la palabra teoría en su sentido moderno, sobre todo allí donde se la contrapone a la mera experiencia.
Para los sofistas, educadores del siglo de oro griego, las artes estaban formadas por la gramática, la dialéctica, la retórica y la matemática (que incluía la armonía y la astronomía).
(3) Felipe M. Marzoa. Historia de la filosofía I.
Por “artes” se entiende en la «universalidad» medieval todo aquello, de lo que en ella se enseña, que no es teología, ni derecho, ni medicina (las otras tres «facultades»). El término procede del concepto romano de “artes liberales”, donde “ars” significa «saber» en el sentido de “techné” y “liberalis” significa «propio del hombre libre», por lo cual se excluyen las artes manuales (artes mechanicae). En el ocaso de la antigüedad se fijó el número de siete «artes liberales» y su orden de sucesión: gramática, retórica, dialéctica; aritmética, geometría, música, astronomía. Boecio llamó a las cuatro últimas “quatrivium”, y el el siglo IX se dio a las tres primeras el nombre de “trivium”
(4) Guthrie. Historia de la filosofía griega III (Argumento de Platón en “Las leyes”)
Las cosas más grandes y bellas del mundo son obra de las leyes de la naturaleza “physis” o del azar “týche” (que es lo mismo). Los cuatro elementos, y los cuerpos resultantes de ellos: la tierra, el sol, la luna y las estrellas, son materia enteramente inanimada. Al moverse arrastrados cada uno por el azar de su propia fuerza, los elementos se acoplan intima y convenientemente – lo cálido con lo frío, lo seco con lo húmedo, lo blando con lo duro – y, fundiéndose por la necesidad del azar, generaron el universo entero y todo lo que en el hay. El arte “techné” y los proyectos vinieron después, como una fuerza más insignificante de origen puramente humano… incluye todas las ramas de la producción humana o divina, o de inteligencia aplicada, como opuestas al trabajo espontáneo “týche” de la naturaleza “physis”.
(5) Una ilustración humorística de Leonardo, según Vasari, sobre la creación humana y la de la naturaleza viene recogida en el libro “Conocer Leonardo da Vinci y su obra” de Luis Racionero:
“Le preguntaron a un pintor por qué, siendo tan buenas sus pinturas, que eran cosa muerta, hacía los hijos tan feos; a lo cual replicó que las pinturas las hacía de día y los hijos de noche”.
(6) Felipe M. Marzoa. Historia de la filosofía I.
La contraposición “techné”  y “episteme” no tiene realidad léxica en griego antiguo; aparece esporádicamente como recurso ad hoc (Aristóteles) y sólo a partir de ello llegará a adquirir en época helenística una cierta sistematicidad.
(7) Werner Jaeger.  Paideia
La armonía expresa la relación de las partes del todo. En ella se halla implícito el concepto matemático de proporción, que en el pensamiento griego se presenta en forma geométrica e intuitiva. La armonía del mundo es un concepto complejo en el que se hallan comprendidos lo mismo la representación de la bella concordancia del sonido en el sentido musical que la del rigor de los números, la regularidad geométrica y la articulación tectónica.
Es incalculable la influencia de la idea de armonía en todos los aspectos de la vida griega. Abraza la arquitectura, la poesía y la retórica, la religión y la ética. Los conceptos de ritmo, medida y relación se hallan en intima conexión con ella o reciben su contenido más preciso.
Protágoras, según Platón, habla de la educación del alma mediante la verdadera “eurhythmia” y “euharmostia”. La justa armonía y el justo ritmo deben de nacer del contacto con las obras de la poesía, de la que han tomado sus normas.
(8) Dirac, genial científico y premio Nóbel de física, reafirmó la afinidad que mantienen las matemáticas y la armonía al justificar que era más importante que una ecuación fuese bella a que se adaptase por completo al proceso que quiere explicar.  De esta forma la corriente filosófica de más larga duración en el mundo griego, que influyo desde Parménides a Platón, sigue irradiando su energía a nuestros días.
(9) Guthrie. Historia de la filosofía griega I (según “Metafísica” de Aristóteles)
El descubrimiento de Pitágoras, según el cual los intervalos básicos de la música griega podían representarse mediante razones 1:2, 3:3 y 4:3, hizo que el “kosmos” – orden y belleza – se impusiera sobre la disposición caótica del sonido mediante los cuatro primeros números enteros, 1, 2, 3 y 4. Si los sumamos, el número resultante es 10, lo cual proporciona una asombrosa confirmación, si es que no era la causa real, de la creencia pitagórica de que el número diez «era algo perfecto, y contenía en su seno la naturaleza total del número. Ellos representaron gráficamente este número mediante la figura conocida por “tetractús”, que se convirtió en símbolo sagrado para ellos. Ello se remonta a la dificultad que sienten los hombres en una fase primitiva de la cultura, de separar los objetos numerados de los números en sí como abstracciones, de formar el concepto de un número 3 distinto de sus manifestaciones visibles en grupos de tres árboles o tres piedras…
La existencia de un orden inherente, de una organización numérica en la naturaleza del sonido mismo, surgió una especie de revelación…
Hay que recordar que lo que los pitagóricos estaban intentando hallar no era el componente material básico del universo, ni tampoco, los cambios físicos por los cuales se había originado, sino, en primer lugar y sobre todo, la explicación del orden “kosmos” que se despliega ante sus ojos y ante sus mentes y que, por razones fundamentales religiosas, era lo más importante de la cuestión…
Los elementos últimos de todo son los números “arithmós” y la totalidad del cosmos debe su carácter de algo perfecto, divino y permanente al hecho de que los números, de que se compone, se combinan del mejor modo posible según las reglas de la proporción matemática “symetron” . En resumen, el cosmos debe todas estas cualidades deseables al hecho de que es una “harmonía”, y esta “harmonía”se encuentra, sobre todo, en los majestuosos movimientos a escala cósmica del sol, la luna, los planetas y las estrellas fijas. Los cielos no declaran la gloria de Dios, son la gloria de Dios, porque el cosmos es un dios viviente, engarzado en una unidad única y divina por el poder maravilloso de la armonía matemática y musical
(10) Guthrie. Historia de la filosofía griega VI.
La virtud en la medida “metron”  y la proporción“symetron”  consiste en seguir un término medio entre dos extremos, aunque respecto a la valoración es un punto culminante o cima. El rechazo del exceso y el defecto y la conservación de la medida debida como garantía del bien fue una idea que Aristóteles compartió con Platón; ellos dieron forma a una idea típicamente griega, encerrada en el mandato délfico «nada en demasía» y reflejada en la filosofía pitagórica, los poetas trágicos y en otros lugares. Este énfasis sobre el valor de la moderación y el peligro del exceso es quizá el legado más valioso del pensamiento ético griego, bien en la sabiduría popular o en la teoría filosófica.
(11) Werner Jaeger.  Paideia
La intuición originaria que se halla en el fondo del descubrimiento griego del ritmo “rithmós” (de fluir “réo”), en la danza y la música, no se refiere a su fluencia, sino por el contrario, a sus pausas y a la constante limitación del movimiento. El ritmo es lo que impone firmeza y límites al movimiento y al flujo. Veamos su utilización en Esquilo.
- Prometeo se halla sujeto, inmóvil en su roca, con grilletes de hierro y dice:
«me hallo encadenado aquí, en este ritmo»
- Dice Esquilo sobre Jerjes que «ha encadenado el flujo del Helesponto y ha dado forma (ritmo) al curso del agua» es decir, lo ha transformado en un puente y lo ha sujetado con firmes ataduras. 
(12) Guthrie. Historia de la filosofía griega VI.
Aristóteles  era plenamente sensible a la atracción estética de de los elementos de orden, simetría y límite, que, siguiendo a Platón, considera las formas fundamentales de la belleza, que las ciencias matemáticas evidencian del modo más conspicuo. La belleza no es lo mismo que el bien y puede observarse tanto en lo inmóvil como en lo que se mueve.
El estudio de cuales números son concordantes y cuales no – en abstracto, sin relacionarlo con la música audible – es «útil en la búsqueda de lo que es bello y bueno, pero inútil cuando se lleva a cabo por cualquier otro motivo». La distinción entre lo bueno “agathón” y lo bello “kalón” es una matización puramente aristotélica.
(13) Werner Jaeger.  Paideia
La cultura griega no es posible sin que se ofrezca al espíritu una imagen del hombre tal y como debe de ser. En ella la utilidad es indiferente o, por lo menos, no es esencial. Lo fundamental en ella es “kalón”, es decir, belleza, en el sentido normativo de la imagen ideal.
La poesía griega, en sus formas más altas, no fue solamente un fragmento cualquiera de la realidad, sino un escorzo de la existencia en relación a un ideal determinado.
Nota: El verbo «hacer» “poiéo” forma en griego el sujeto de la acción como «hacedor, creador, poeta» ”poietés”; también expresa en abstracto la acción de hacer «creación, poesía» “poíesis”; así como el resultado del hacer «lo hecho, el poema» “poíema”.
(14) Proyecto Cío. Musas
Las Musas son ninfas relacionadas con ríos y fuentes. Engendradas por Zeus y Mnemósine ("La Memoria"), según Hesíodo, o por Urano y Gea, según alguna otra versión como la del poeta Alcmán, son capaces de inspirar toda clase de poesía, así como de narrar a un tiempo el presente, el pasado e incluso el futuro, dadas sus virtudes proféticas. El número de estas deidades también admite variantes (tres, siete, etc), pero fue Hesíodo el primer poeta que, en su teogonía, citó un total de nueve, dándoles además estos nombres que, en griego, tienen un significado concreto.
Será más adelante, ya en época helenística (a partir del siglo IV a.C.), cuando se le asigne a cada una de ellas un dominio o función propia dentro de la literatura. Se les atribuirán además una serie de emblemas característicos que son los que nos permiten reconocerlas y distinguirlas en las representaciones gráficas.
(15) Conferencia: La danza en el teatro grecolatino. Julio Gómez Santa Cruz
…Como dice Euripides en Las Bacantes: “toda la tierra baila: los animales,  los pájaros en el cielo,  los árboles mecidos por el viento, los peces y los barcos en el agua, los ríos…”
Esa danza, lejos de ser un arte autónomo, aparece asociada a la música y los cánticos. De esta forma, danza, música y canto, en su conjunto, constituyen a su vez otro arte: la  “mousiqué”
Es decir, se bailan los poemas, interpretando con movimientos rítmicos de brazos, piernas, cabeza y cuerpo el recitado de mitos e historias que puede hacer el propio bailarín u otra persona acompañados de música (vid. Lám. III y gif. 23 de la lám. V por ejemplo)
Música, poesía, danza eran, en fin, elementos de una misma cosa: el arte de las Musas, la “mousiké”, entendida como educación de la mente y por tanto, esencia de la civilización; propio de lo heleno y desconocido por los bárbaros.
De las 9 musas que amenizaban los banquetes divinos, la danza es representada desde época clásica,  por Terpsícore que  junto al canto y el deleite de la poesía, aparece tocando la lira y acompañando a los coros de danzantes (vid. Lám VI, fig. 33 a Euperte (música), Talía (comedia), Caliope (ritmo) y Tersciore (danza)
Por lo que respecta a los orígenes de la danza, si nosotros ya consideramos este arte como el más antiguo del hombre; los griegos también especularon sobre esa remota antigüedad…
…La danza, tanto hoy como ayer,  cumple distintas funciones al servicio de complejas fuerzas colectivas, sociales, estéticas y religiosas. Existe la creencia universal de que la danza, en cuanto arte rítmico, es símbolo del acto de la creación;  metamorfosis que tiende a convertir al bailarín en dios, demonio o una forma existencial anhelada.
…Si Apolo actúa como dios de la armonía, inventor de la música y de la poesía; portador de la lira de Hermes y de la flauta de Marsias; Dionisio aparece,  vinculado a los primeros ditirambos…
(16) Guthrie. Historia de la filosofía griega IV.
El nombre de “ion” (literalmente «cosedor de cantos»), se les daba originalmente a recitadores como Homero y Hesíodo, que interpretaban su propia poesía y se acompañaban con una lira. Posteriormente se aplicaba a recitadores profesionales que no eran poetas, pero declamaban poesía, sobre todo la de Homero, (pretendían tener ascendencia homérica) en varias ciudades griegas y en los grandes festivales, en los que congregaban a grandes multitudes y competían en los certámenes, distinguiéndose por un bastón y unas vestiduras especiales.
El significado con el tiempo llegó a ampliarse a los «rapsodas» que no decían ser descendientes de homero, pero eran poetas por derecho propio, rapsodas en el sentido original en el que lo había sido Homero y en el mismo sentido en el que Píndaro menciona a los homéricas «recitadores de cantos cosidos», empleando la palabra «aedo» “aoidós” que en Homero se aplica regularmente al cantor que canta sus propios poemas.
El poeta apelaba a las «musas» cuando le fallaba su propio conocimiento y su sabiduría como autoridad superior: este no les pedía que entraran en el, que le inspirarán o le poseyeran. Así, en la Ilíada invoca su ayuda, pero «se refiere al contenido, y no a la forma. Siempre pregunta a las “musas” lo que va a decir, no cómo va a decirlo; y la materia por la que pregunta tiene siempre un carácter factual». El poeta recibe ayuda sobrenatural en su relato, como sus héroes en sus aventuras, pero no dice nada de posesión, éxtasis o frenesí. La “musa” no está en el poeta, reemplazando el pensamiento de éste, como Dionisio en la bacantes, con quienes Platón compara al poeta en su dialogo Ion.
La tesis de que una explicación mística de la poesía basada en la posesión dionisiaca no apareció hasta el siglo V a. C, y de que era una adaptación filosófica de una concepción puramente homérica de la relación entre el poeta y los poderes divinos, no se puede dar por probada completamente, al depender de un argumento ex silentio.
(17) Mitosgriegos. Divinidades menores
Ninfas: Personifican la fuerza de la fecundidad en la Naturaleza.
Nereidas. Personifican las olas del mar.
Musas. Protectoras e inspiradoras de las ciencias y las artes liberales, especialmente la poesía. En época helenística, a partir del siglo IV a.C, se les asignó a cada una de ellas un dominio o función propia dentro de la literatura.
Moiras. Personalización del destino.
Horas. Rigen el orden social y el orden de la naturaleza
Cárites. Personifican el encanto y la belleza.
Erinias. Personifican el castigo.
Sátiros. Genios de la Naturaleza; les gusta el vino, la danza y la música; pertenecen a la corte de Dionisio. Cuando son viejos se les llama Silenos.
Harpías. Raptoras de almas y de niños.
Sirenas. Con sus cantos atraían a los incautos marineros, que incapaces de resistirse, chocaban irremediablemente contra las rocas.
(18) Articulo: La interpretación nietzscheana de la antigüedad griega. Herbet Frey
Mediante el mito los griegos lograron superar un mundo originalmente lleno de horror. El mito debía hacer desaparecer aquello que le causaba al hombre su incapacidad de dominar al mundo: el miedo. Porque en términos arcaicos, el miedo no se refería tanto a aquello que aún no se hubiese reconocido, sino a lo propiamente desconocido. Lo desconocido carece de nombre y al no tener nombre no se le puede conjurar ni invocar ni atacar por medio de recursos mágicos. Una vez que se hayan encontrado nombres para lo desconocido se da una familiaridad con el mundo, por lo menos en un nivel imaginario.
(19) Felipe M. Marzoa. Historia de la filosofía I.
Aunque en las reconstrucciones de la historia del pensar haya llegado a ser un lugar común la contraposición de «mito» y «logos», lo cierto es que el nombre usual en griego, incluso en la época de Platón y Aristóteles, para designar eso que nosotros llamamos «el míto» es “lógos”. Lo que llamamos los «mitos» griegos son en griego «los decires» “hoi lógoi”; “mýthos” y “lógos” significan lo mismo, a saber: el decir. Y ¿por qué el decir parece ser en particular eso que nosotros llamamos «el mito»? Sencillamente porque nosotros llamamos así a una cierta recopilación y organización (comenzada en el helenismo) de los contenidos de la poesía griega, y el poema es en efecto el decir por excelencia en el sentido de que eso que nosotros llamamos el poeta es el experto en decir tal como – por ejemplo – el experto en colores es para el griego el pintor (no el físico).
“Lógos” proviene del verbo “légein” que significa reunir y tiene carácter discriminatorio, selectivo y caracterizante; por ejemplo: buscar, recoger y juntar las piedras para hacer un muro (no pueden ser cualesquiera); por tanto un reunir que es a la vez separar, que concede a cada cosa su lugar, su carácter, su ser; esto es ciertamente lo que acontece en el “decir”.
“Alétheia” (verdad) viene del verbo “lanthánein” (permanecer oculto). El griego nombra la verdad con una palabra de negación o rechazo del permanecer oculto; la verdad es ruptura, desgarro; la presencia consiste en una brecha.
La palabra “kaos” significa abertura, grieta, abismo – el verbo “kaíno” significa: abrirse la tierra, abrirse una herida, abrir la boca – y no tiene nada que ver con la contraposición caos-cosmos de la contemporaneidad.
¿por qué es el poeta el experto en decir? Lo es porque el poeta se mantiene en el decir mismo, esto es, en el “légein”, o sea, en la abertura o ruptura misma, por eso el poeta nombra las cosas, esto es, las trae a presencia; en el se cumple eso de que la presencia de las cosas tiene su esencia en la ruptura y la tiene por cuanto a la ruptura le es inherente perderse; desde el desgarro, el poeta funda la tranquila presencia de las cosas.
(20) Felipe M. Marzoa. Historia de la filosofía I.
El “permanecer oculto” es lo que hay … y la abertura es el “ámbito” o el “donde”, del cual nosotros, modernos, estamos radicalmente alejados por el hecho de que una ulterior interpretación … que interpreta la distancia a partir del punto o del instante, por lo tanto como distancia entre dos puntos, entre los cuales se podría señalar otros, de modo que el que todos los puntos sean igualmente puntos exige que más allá de los dos en cuestión se puedan señalar otros, etc., con lo cual la original distancia acaba siendo un segmento dentro de un infinito; frente a lo cual el “entre” o la distancia o el ámbito griegos no requieren referencia alguna a un infinito “dentro el cual”.
La muerte es el límite puro y simple, y no puede ser asumido en marco alguno donde la finitud se conciba como limitación dentro de lo uniforme e infinito. De esta forma exponemos la prioridad del punto o instante sobre la distancia.
(21) Apuntes del seminario “El nacimiento de la filosofía” de Teresa Oñate.
En Grecia el tiempo cronológico tiene su origen en "Cronos" - dios griego que mató a su padre Urano (el cielo) y vivió matando a sus hijos para no ser destronado - es el tiempo que vive de la desaparición del instante anterior, es el tiempo que deja obsoleto todo lo pasado. Es el tiempo de nuestra cultura ilustrada que progresa dejando una estela de destrucción y muerte. 
El "aidion" es tiempo permanente y durativo, el tiempo del ser que siempre ha existido y siempre existirá, el tiempo sincrónico que permite a un acontecimiento, a un texto del pasado vivir en el presente y modificarlo. Para los griegos el enlace - la racionalidad - que permite, desde la vivencia del tiempo cronológico, llegar a comprender el tiempo permanente es el placer del instante absoluto, de la eternidad inmanente, es el "aion".

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